Prólogo al libro «El Hechizo del Groove» de Jaime Bajo González  
Prólogo al libro «El Hechizo del Groove» de Jaime Bajo González

27/05/2019

No recuerdo bien en qué año conocí al autor de este libro (¿alrededor del 2007?) pero sí las circunstancias y parte de la conversación que mantuvimos. Fue en un club de Madrid, no recuerdo cuál, pero sí que era una fiesta de música reggae en la que nos encontrábamos la mar de a gusto. Jaime vino hacia mí y me confesó que el disco “Por ahora” (1996) de Danza Invisible había sido fundamental para su educación musical y eso me llamó muchísimo la atención ya que es un trabajo que suele estar infravalorado, acaso por no pertenecer al periodo más aplaudido de Danza Invisible, el de los años 1983-1987, ni tampoco al más exitoso comercialmente, me refiero al de la franja 1988-1994.

 

Pero no estoy aquí para hablar de mi trabajo, sino del suyo. Expongo este dato porque es curioso que en ese disco colaborasen multitud de músicos de la escena acid-jazz inglesa, tradicionalmente emparentada con los sonidos que podríamos llamar groovy. Nunca se sabe como puede llegar uno a acceder a un lenguaje sonoro que le llene para siempre, ¿verdad? Porque el amigo Jaime se ha convertido en un erudito de narices, un forofo al que encanta rastrear en busca de las perlas más ocultas de la música negra, de hecho me llama la atención que entre los 20 entrevistados de este libro que estás a punto de comenzar haya 3 artistas de los que jamás haya oído hablar, y aproximadamente 6 cuya música apenas he escuchado. ¡Y yo que me creo el colmo de la erudición musical! Está claro, por tanto, que estamos ante un volumen para iniciados y hecho desde el fervor más absoluto, Jaime quiere compartir sus hallazgos con todos nosotros. Y a fe mía que es tipo vehemente, cualquiera que haya podido seguirle en redes con su nick “Alton Ellis” –a eso se le llama buen gusto- se habrá percatado de la contundencia de sus opiniones, que pueden dar una imagen de brusquedad que se desmorona desde el instante en el que lo conoces en persona.

 

Mas volvamos a nuestro objetivo, ¿qué es ese groove del que en estas entrevistas se habla? Algo harto difícil de definir. Para mí se trata de una cualidad rítmica, un cimbreo al moverse, un punto de locura y diversión, un ardid estético chulo que tradicionalmente se ha venido asociando a la música negra pero no es exclusivo de ella: nada más groovy que el jolgorio del primer Elvis, o Jerry Lee cuando exclama aquello de “feels so good!”, que las bulerías de Camarón o las alegrías del payo Chano Lobato, el groove no entiende de discriminaciones raciales. De hecho, el trío multi-étnico Deee-Lite hicieron uno de los mejores tema funk de los noventa y lo formaban una norteamericana de piel blanca blanquísima, un ucraniano y un japonés. Sí, ese inmortal “Groove is in the heart” es toda una declaración de principios , es algo que está en el corazón.

 

Tampoco hay que caer en la tentación de calificar la calidad de una canción según su cualidad groove, me pongo a pensar y me sale que hay grandes temas de la música española de los 80 (“Cadillac solitario” o “Ni tú ni nadie”, por ejemplo) que no son nada groovys.. Compositores indiscutibles como Sabina pueden ser definidos sin rubor alguno como anti-groovys, su calidad musical se define en otros términos. Fíjate, voy a llegar hasta el extremo de poner ciertos reparos a la elección de Santiago Auserón y Rubén Blades como entrevistados para este libro, son vocalistas fantásticos, elegantes y de innegable sentido del ritmo, pero su matiz intelectual me los aparta de senda que quiero describir y no sé si consigo hacerlo. Ahí va otra: los coros marihuaneros del reggae, los de los primeros Wailers por ejemplo, suelen estar terriblemente desajustados, pero esa digamos imperfección rítmica los hace aún más de la cualidad G.

 

Da gusto ver el elenco de artistas aquí presente y que habla a las claras de la curiosidad musical del entrevistador: veteranísimos del soul como Swamp Dogg, The Blackbyrds, ¡The Impressions! (¿cuántos quedan de la formación original?), Irma Thomas, George Clinton, sin duda alguna uno de los responsables mayores de que esta música nos haya hechizado. Aromas de jazz en Gregoy Porter o Benny Golson, el eterno buen gusto de John Holt, el misterio etíope de Mulatu Astatke, alguna agradable sorpresa como la inclusión de Don Letts, personaje vital de la escena dub-punk de Londres del siglo pasado. Y también veteranos de consagración más reciente que seguro han atraído a nuestro G-club a nuevas generaciones: Lee Fields o la maravillosa Sharon Jones, derramemos una lagrimita por su reciente fallecimiento.

 

Señor Jaime Bajo, ardo en deseos de leer este libro. Y también de volver a echarme contigo otra de estas conversaciones casuales en las que acabamos hablando un poco de todo: descubrimientos musicales recientes, política, proyectos para el futuro, etc. Por lo que a mí respecta solo me queda recomendarles vivamente este cuaderno de entrevistas variadas en las que el autor seguro ha puesto esa ilusión de eterno jovenzuelo apasionado que le caracteriza. Iniciemos el conjuro.
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