Clima Raro

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En el verano (junio – julio) de 1993, Javier acomete la grabación de Clima Raro. Lo hace con un conflicto latente en el seno de Danza Invisible: las enconadas diferencias entre Ricardo Texidó y los demás miembros. El desencuentro, al que indirectamente alude el titulo del disco (“tiempo de clima raro, de ambiente confuso y trastornado”), acaba con el abandono del batería y fundador del grupo (prácticamente está ausente o en segundo plano). Su última aportación es la música de Qué te puedo yo decir, una canción de amor con letra de Rodrigo Rosado (“el remedio a mi dolor es la nieve de tus manos”).

Tormenta por desavenencias que emborrascan las relaciones personales (“reconozco, dice Ricardo, que era una situación inaguantable, la verdad es que hacía tiempo que no estaba a gusto. Nuestras ideas del grupo eran muy opuestas”).

Antes de que el mal rollo lo impregnase todo, se corta en seco. Se ve mejor que cada uno siga su camino. La separación resulta inevitable.

Con todo el dolor de mi corazón, dice Javier Ojeda, le tuve que decir a Ricardo que se fuera del grupo. Él había sido mi mentor, pero había que dar ese paso. Y no fue fácil porque Ricardo tiene una personalidad muy desbordante. Es una persona que te impone respeto al decirle las cosas, sabes, y nosotros llegado ese momento, somos más bien apocados. Al final se lo tuve que decir yo, aunque fue muy duro y traumático”. Sin embargo de cara al exterior se presenta el asunto como un divorcio artístico amistoso. Nadie quería perjudicarlo.

Ricardo se marcha. Ni siquiera estuvo el día en que se rotula la calle Danza Invisible en Torremolinos (27 de septiembre de 1997), muy cerca de su primer local de ensayo, El Capote, en la popular zona de la Nogalera.

Clima Raro trata de las inquietantes mutaciones atmosféricas. Por primera vez se escucha hablar del agujero en la capa de ozono, del equilibrio ecológico acechado y de preocupación ambiental (“ya podremos lavar los vasos si a la playa llega el barro”, advierte tan jocosa como dolorida una estrofa del corte que da nombre al disco, un ardiente funky que parece cocido a toda mecha en las calderas de Paisley Park).

Pese a los roces internos, reúne una vigorosa colección de canciones: El orden del mundo se imbuye de reggae con una cadencia y un estribillos inolvidables (“nunca la desgracia viene sola, es el pez que se muerde la cola”), La estanquera del puerto es el desolado relato de un amor perdido envuelto en humeante tabaco (“faltan luces en el puerto, falta la lumbre de tu cigarro, se siente el faro abandonado”), y Amor de madre (“ay, tu nombre grabaré, para borrar los nombres de otros amores”), es una oda exaltada al desprendido modo de ser materno (tú que todo diste y nada esperaste), en la que Javier pone a punto de ebullición la emoción. La fogosa galería de viñetas alcanza su ignición en Algo Salvaje (como la película de Melanie Griffith), afrodisiaca representación en dos actos de los placeres de la carne (humana) a fuego lento (te mueves con tal gracia en la cocina que comerme la carne me fascina). Algo Salvaje es otro funky hirviente, burlón y desenfadado para desahogar un revés, el macho herido (hieres mi corazón hasta la médula, malévola).

Lo produce todo Mike Vernon, legendario tutor de unas cuantas luminarias del blues británico, de John Mayall a Fleetwood Mac. Con Danza trabaja, e incluso toca (percusiones adicionales) en los Park Gate Studios, ubicados en Battle, una tranquila localidad del condado de Sussex al sur de Inglaterra. De allí salen 13 canciones – ninguna versión – con letras de Rodrigo Rosado, excepto El signo de la cruz, de Antonio de la Rosa, y Piedras Preciosas, en la que se aprietan las metáforas talladas por Corcobado, ese huidizo orfebre de la palabra (que no se rompan las flores de cristal de tus ojos, que el soborno de la noche no te agriete el corazón).

Otro nombre histórico del rock anglosajón, Fin Costello (suyas, por ejemplo, son las espectaculares instantáneas del Made in Japan de los Purple), pone la cámara, aunque la sesión de fotos, como el grafismo general del disco (Endenante y Cia, de Pablo Sycet), decepciona a la banda. Isobaras, altas y bajas presiones danzando por la península ibérica, Italia y el norte de África.

Clima Raro es un buen trabajo que amplía la paleta cromática de la música y sostiene firme la popularidad del grupo y el nivel de las galas. Con el tiempo es disco de oro del ahora cuarteto. Un viejo amigo de la banda, Francisco Conde, mete algunos arreglos vocales. En el lujoso plantel de invitados figuran también la renombrada sección de viento Kick Horns, y Bob Ross al frente de los teclados y la programación.

 

(Texto de Manolo Bellido en "Una historia del pop malagueño").
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Clima Raro

Publicación: 1997

1 - Qué Te Puedo Yo Decir
2 - Salsa Rosa
3 - Transbordo
4 - Clima Raro
5 - La Estanquera Del Puerto
6 - Amor De Madre
7 - El Signo De La Cruz
8 - Para Siempre
9 - A Solas Contigo
10 - Algo Salvaje

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